domingo, 15 de febrero de 2026

MALLO EN EL REINA

 MARUJA MALLO 

 Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid



No es de extrañar que haya largas colas en la entrada. Dentro está la mayor colección de obras de Maruja Mallo que se haya expuesto en España, con ruta cronológica para exhibir las etapas y evoluciones artísticas, los lugares que vivió y a los que viajó, influencias, documentos, publicaciones y audiovisual. 

Vivió (1902-1995) prácticamente el siglo XX entero por lo que pudo desarrollar, gracias a su talento, multitud de artes. Las pinturas  y dibujos son las más reconocidas y numerosas, pero en el recorrido se pueden ver trabajos fotográficos, escenográficos y escritos.



Espantapájaros, 1930, Óleo sobre lienzo, Serie Cloacas en Galería Pierre de París.


Las enormes salas del Reina Sofía facilitan percibir la grandeza de las obras de Mallo, puedes acercarte y alejarte para ser bien impresionada por ellas y así dejarte atraer por sus retratos de mujeres con peinados exóticos y perfiles marcados. Algunas cabezas sin cuerpos como partes de maniquíes o modelos de curso de peluquería.

Los cuadernos y dibujos expresan una geometría minuciosa que, entre otros usos, han sido trasladados al arte cerámico. Se ven varias obras decoradas con sus motivos geométricos.

Me llama la atención los temas que le llamaban la atención, entre otros los deportes y las innovaciones espaciales. Los cuadros que contienen estas temáticas son divertidos, entre el surrealismos y la animación.

Su compromiso social está presente de muchas maneras, siempre a su modo, sin seguir escuelas ni estereotipos esperados. Destacan sus obras sobre la clase trabajadora, en la pesca y en la agricultura. Las figuras de peces y espigas en relación a las manos, las cabezas y cuerpos enteros de mujeres. También su reconocimientos a los compañeros asesinados por el franquismo (Lorca) o los exiliados (Machado) por la Guerra Civil muertos fuera de España.

Entre su estilo revolucionario, su feminismo obligatorio y su denuncia de los fascismos, parece inevitable que no hayamos conocida antes su trabajo, entre otros motivos, porque la sociedad española todavía no ha reconocido la enorme y valiosa aportación de artistas como Maruja Mallo a nuestra tradición cultural. Que no aparezca su nombre en los libros de texto escolares, o alguna de su obras ilustrando edificios públicos, o museos que exhiban su trabajo, son hechos que prueban lo lejos que estamos aún de admitir la pluralidad y diversidad de artistas españolas.

Se puede visitar varias veces porque son muchas las obras ante las que merece la pena pararse a contemplar lo que hay, lo que puso, con sus colores y formas, ya sean amontonadas y superpuestas o elementos solitarios de la naturaleza.

A partir de las 19:00 horas es gratis. 



viernes, 13 de febrero de 2026

UN SIMPLE ACCIDENTE

 UN SIMPLE ACCIDENTE

Jafar Panahi,2025


La voz, los movimientos corporales, de alguien que no ha visto en mucho tiempo aparecen ante él, por accidente, y no le queda más remedio que secuestrarlo para hacerle lo más parecido que él recibió de ese hombre cuya voz y gestos nunca ha olvidado ni olvidará mientras viva. 

Un torturador de otro régimen, de otra época reciente, viaja con su familia y atropella a un perro por lo que tiene que ir al taller para continuar el viaje. Ahí, en el taller, empieza la película.

Quienes la vemos no sabemos qué está pasando hasta mucho después. Poco a poco aparecen datos que hay que unir, indicios del pasado, algo gravísimo relacionado con el gobierno y una parte de la población. Precisamente se suceden personajes de esa población afectada, todos víctimas del torturador, personas que rehecho su vida como han podido, pero que llevan consigo el dolor y sufrimiento que les causó la política dictatorial, represiva y violenta del régimen de su país.

Mujeres y hombres, de diferentes edades, víctimas de la dictadura. Transcurre en Irán pero podría haber transcurrido aquí mismo, no hace tanto. Es inevitable pensar en las analogías con el franquismo, el tardofranquismo y la democracia inmediatamente posterior. Desgraciadamente, los torturadores franquistas han vivido hasta hace muy poco, algunos con honores y grandes pagas del gobierno democrático, así que muchas víctimas han pagado con sus impuestos el sueldo y los reconocimientos de sus violadores, torturadores y asesinos de sus familiares.

La película está protagonizada por ciudadanas y ciudadanos corrientes, que trabajan, se casan, escriben y tienen negocios. Unidos por la violencia política se enfrentan ante un dilema moral que contiene venganza y justicia, si es que pueden estar juntas estas palabras.

Suceden acontecimientos que demuestran empatía, generosidad y ayuda por parte de las víctimas hacia la familia de su torturador. Conmueve. Por momentos la cólera se vuelve compasión. A ratos parece un documental y los silencios ayudan a que percibirla así.

Está muy bien hecha, todo. La cámara psicológica funciona porque está justificada por tener que narrar pensamientos encontrados muy arraigados y en disputa, primero con dudas y después con certezas que abren las puertas de algo que no tiene marcha atrás. Por supuesto, hay más violencia invisible que expuesta, incluso humor, el necesario para soportar la carga del terrible dilema.

Después de verla hay que reposarla antes de poder comentar nada. Muy recomendable, tiene todos los elementos del cine social, político, de denuncia, que la realidad actual permite en muchos lugares del mundo. Ojalá estas temáticas artísticas fueran imaginadas, pero ya que no lo son hay que agradecer que se hagan y difundan porque saber es lo contrario de la indiferencia.

 

martes, 10 de febrero de 2026

13 MINUTOS

 AMÉRICA EN 13 MINUTOS


No pudo ser más oportuno, más acertado, más emocionante.

Cuando el arte hace un despliegue de inteligencia, de crítica y de humanidad: Bad Bunny inunda el Halftime Show de la Super Bowl con inmenso amor por el continente americano.

El montaje a la altura de los mejores espectáculos musicales del mundo, bailarines y cantantes recorriendo estampas de la vida en las calles puertorriqueñas, decoración que recordaba los desastres naturales y su pésima gestión política, personas de todas las edades y colores ocupando el terreno de juego el estadio mientras sonaba la música latinoamericana más conocida del mundo hoy.

El corazón de EEUU latía a ritmo reguetoniano y fluía por el mundo entero, llevando un mensaje para su presidente y sus secuaces: seguimos aquí.

Supongo que no soy la única persona que no escucha reguetón voluntariamente, pero el uso de este estilo musical centro americano para reivindicarse como cultura, como pueblos, como lenguaje, se me antoja muy eficaz, en todos los sentidos. 

Hay un presidente cínico, totalitario, egocéntrico que, por ser multimillonario y tener muchas armas, intimida al resto de países, si son pequeños y vulnerables más, con el fin de extraerles la sangre para hacerse una transfusión y dejarlos como materia prima para sus negocios. A lo bestia, sin disimulos, a ojos del planeta entero, en vivo y en directo. Por esto, el Show de Bad Bunny tenía que ser como fue para estar a la altura y un poco más, ya que su propuesta fue exhibir la realidad, a saber que América es un continente con muchos países, todos dignos, en los que se hablan muchas lenguas, destacando el español con sus versiones regionales y las nativas de cada zona geográfica. También se exhibió la injusticia de la dominación yanqui que maltrata la tierra americana sin piedad con el montaje de los impactos del Huracán María en Puerto Rico (2017). Aunque, tal vez, lo más espectacular fue mostrar, alto y claro, la unión de culturas al cantar y bailar junto a estrellas de la música norteamericas, mezclando sus voces, sus cuerpos y contagiando alegría a todo el mundo.

Fueron 13 minutos que se repetirán, como un bucle, miles de veces en esas redes sociales que son el negocio redondo de los tecnócratas que odian al inmigrante, a los derechos de la infancia, de las mujeres, que desprecian los Derechos Humanos y difunden bulos como redes de manipulación por doquier.

Fueron 13 minutos de plantar cara, amable, divertida, artística, reivindicativa, ante el acosador de la clase, el matón barriobajero, el empresario capitalista que aspira a dominar la Tierra.

¡¡Bravo, bravísimo Bad Bunny!!








sábado, 7 de febrero de 2026

TRES ADIOSES

 TRES ADIOSES

Isabel Coixet, 2026


El paisaje urbano de una ciudad italiana, una Roma de vida cotidiana, la cara opuesta de la turistificación y lo monumental. Una pareja que se separa y lo que da de sí la continuación de las vidas separadas. Cobra protagonismo ella, su trabajo, su familia y su cuerpo. Él es secundario aunque tiene cierta importancia que le supone protagonizar una par de escenas. Hay un puñado de personajes más que al relacionarse con la mujer nos ofrecen datos y hechos para que entendamos mejor quién es, a qué se dedica o qué le pasa. Pero todo está interpretado de la manera más natural y menos interpretada posible, como si no importaran, como si pasaran por allí de casualidad.

El caso es que Marta es rubia, guapa, viste con colores llamativos, va en bici por los adoquines, enseñando planos del cielo recortado entre los edificios enfrentados de las estrechas calles del Trastévere. Los locales que habita son amables, incluida su casa a la que invita a un personaje coreano. Todo es luminoso.

Coixet procura darnos la trivialidad de la vida en lugares comunes, la cotidianeidad en el suelo, pero lo hace con mucho gusto, con estilo, con una música estupenda, creando un ambiente tan amable y agradable que parece el mejor para vivirlo, el mejor para enfrentar el drama y resolverlo, el que facilita un final risueño y humano.

Parte del guion es un conjunto de frases optimistas sobre vivir el presente, dichas despacio y con tono jovial que parecen sacadas de manuales de autoayuda, sin embargo encajan con normalidad incluso con idoneidad en las escenas y los personajes. No sé cómo lo hace pero no suenan cursis, puede que los silencios ayuden a entenderlas mejor.

En los créditos finales se oyen a los protagonistas, merece la pena quedarse, te ríes y te sientes cercana a la directora, además la música es muy buena. Y sí, al salir, antes o después, aparecen alusiones a Mi vida sin mi, qué se le va a hacer.

  MARUJA MALLO   Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid No es de extrañar que haya largas colas en la entrada. Dentro está la may...