UN SIMPLE ACCIDENTE
Jafar Panahi,2025
La voz, los movimientos corporales, de alguien que no ha visto en mucho tiempo aparecen ante él, por accidente, y no le queda más remedio que secuestrarlo para hacerle lo más parecido que él recibió de ese hombre cuya voz y gestos nunca ha olvidado ni olvidará mientras viva.
Un torturador de otro régimen, de otra época reciente, viaja con su familia y atropella a un perro por lo que tiene que ir al taller para continuar el viaje. Ahí, en el taller, empieza la película.
Quienes la vemos no sabemos qué está pasando hasta mucho después. Poco a poco aparecen datos que hay que unir, indicios del pasado, algo gravísimo relacionado con el gobierno y una parte de la población. Precisamente se suceden personajes de esa población afectada, todos víctimas del torturador, personas que rehecho su vida como han podido, pero que llevan consigo el dolor y sufrimiento que les causó la política dictatorial, represiva y violenta del régimen de su país.
Mujeres y hombres, de diferentes edades, víctimas de la dictadura. Transcurre en Irán pero podría haber transcurrido aquí mismo, no hace tanto. Es inevitable pensar en las analogías con el franquismo, el tardofranquismo y la democracia inmediatamente posterior. Desgraciadamente, los torturadores franquistas han vivido hasta hace muy poco, algunos con honores y grandes pagas del gobierno democrático, así que muchas víctimas han pagado con sus impuestos el sueldo y los reconocimientos de sus violadores, torturadores y asesinos de sus familiares.
La película está protagonizada por ciudadanas y ciudadanos corrientes, que trabajan, se casan, escriben y tienen negocios. Unidos por la violencia política se enfrentan ante un dilema moral que contiene venganza y justicia, si es que pueden estar juntas estas palabras.
Suceden acontecimientos que demuestran empatía, generosidad y ayuda por parte de las víctimas hacia la familia de su torturador. Conmueve. Por momentos la cólera se vuelve compasión. A ratos parece un documental y los silencios ayudan a que percibirla así.
Está muy bien hecha, todo. La cámara psicológica funciona porque está justificada por tener que narrar pensamientos encontrados muy arraigados y en disputa, primero con dudas y después con certezas que abren las puertas de algo que no tiene marcha atrás. Por supuesto, hay más violencia invisible que expuesta, incluso humor, el necesario para soportar la carga del terrible dilema.
Después de verla hay que reposarla antes de poder comentar nada. Muy recomendable, tiene todos los elementos del cine social, político, de denuncia, que la realidad actual permite en muchos lugares del mundo. Ojalá estas temáticas artísticas fueran imaginadas, pero ya que no lo son hay que agradecer que se hagan y difundan porque saber es lo contrario de la indiferencia.



