CASO 137
Dominik Moll, 2025
Desde que he visto esta película cada vez que veo a los antidisturbios no puedo evitar pensar en la violencia gratuita con la que pueden hacer su trabajo y que nadie lo sepa, mejor dicho que nadie les sancione, que ningún agente pague por transgredir la ley y violar derechos, que ningún superior se haga responsable de la mala conducta de sus hombres.
La trama cuenta una situación basada en un caso real, sobre los disturbios de los chalecos amarillos en París de 2018. En ese contexto la policía está desbordada y pide ayuda a servicios de seguridad del Estado que habitualmente no se encargan de trabajar en las calles ni en disturbios públicos. Esos otros recursos actúan bajo una ética profesional prácticamente individual e improvisada que, ahí viene lo interesante, es investigada por asuntos internos.
La tensión se corta en muchas escenas porque quien investiga a los compañeros es una mujer, separada, con un hijo adolescente, empeñada en saber la verdad y con ella realizar los numerosos informes oficiales que le son requeridos constantemente como protocolo legal. Rellenar solicitudes y formularios suele ser una constante en su trabajo. La protagonista lo hace según las normativas, en tiempo y forma, sin saltarse nada, nunca.
Aunque aparecen mujeres, el ambiente del trabajo, la comisaría, es muy masculino, jerarquizado y estereotipado, hasta el final, incluso al final.
La vida personal de la policía nos sirve para entender su modus operandi y comprobar cómo evoluciona a la vez que la investigación. Sus padres, su ex, su hijo...su tiempo, vida y trabajo trabados, influenciándose mutuamente.
Parece que los estados democráticos pueden autoevaluarse tranquilamente, revisar las actuaciones de sus policías, atender las denuncias de la ciudadanía, ser justos con los funcionarios, aplicar las leyes internamente. Sin embargo, las apariencias engañan y maquillan un sistema corrupto y corruptible, plenamente controlador y hermético.
Queda claro que los pobres, extranjeros, y personas de colectivos minoritarios salen perdiendo siempre, pero si además se es mujer en alguna de estas circunstancias sale perdiendo y el miedo se le mete hasta en el tuétano.
Esta película también me hace pensar en los informes anuales de Amnistía Internacional sobre el estado de los Derechos Humanos en los distintos países del mundo. En ellos, indican la violencia policial con frecuencia, incluso torturas y malos tratos en comisarías.



