¡GRACIAS TAMARÍZ!
Familiares, amigos y alumnos practican trucos de cartas y yo siempre me acuerdo de Juan Tamaríz en la tele, cuando me alucinaban sus trucos, sus maravillosas manos y su capacidad de llevarme, concentrada, a percibir cosas imposibles.
No puede ser, cómo lo hace, dónde está el truco...maravilla, carcajadas, aplausos, chute de alegría que esperaba a la siguiente semana ante la tele, con los ojos bien abiertos y el cuerpo entero a la defensiva porque la su magia era una ataque a la lógica, aplastante e inquietante, pero estupendo, adictivo y alucinante.
En carnavales o fiestas de disfraces siempre había alguien con chistera, peluca larga y rala, gafas, chaleco, una baraja y, por supuesto, un violín imaginario.
Hay que ser un genio para controlar la percepción como lo hacía Tamaríz, llevarla hacia la falsa atención y mantenerla ahí mientras, sin ser visto ni oído, realizaba el truco, la magia que ocurría delante de nuestras narices sin percibirla, solo el resultado y eso sí, era apoteósico. Qué dominio del cerebro humano, que maestría y control del movimiento y el espacio, qué audacia y poder de fascinación desplegaba en el escenario, ya fuera un teatro o una mesa camilla en un plató de televisión.
Este curso pasado hemos tenido en clase de 2º de Bachillerato a un alumno, llamado Juan también, que explicó a Descartes y su sentencia sobre que los sentidos nos engañan con trucos de magia, con cartas. El resto de la clase alució, yo la primera, con la Filosofía cartesiana porque resultó sencillamente mágica.
Nos deja un gran trabajo, original y erudito, del que aprender y disfrutar... con la banda sonora del violín imaginario.
Gracias Mago.



