TRES ADIOSES
Isabel Coixet, 2026
El paisaje urbano de una ciudad italiana, una Roma de vida cotidiana, la cara opuesta de la turistificación y lo monumental. Una pareja que se separa y lo que da de sí la continuación de las vidas separadas. Cobra protagonismo ella, su trabajo, su familia y su cuerpo. Él es secundario aunque tiene cierta importancia que le supone protagonizar una par de escenas. Hay un puñado de personajes más que al relacionarse con la mujer nos ofrecen datos y hechos para que entendamos mejor quién es, a qué se dedica o qué le pasa. Pero todo está interpretado de la manera más natural y menos interpretada posible, como si no importaran, como si pasaran por allí de casualidad.
El caso es que Marta es rubia, guapa, viste con colores llamativos, va en bici por los adoquines, enseñando planos del cielo recortado entre los edificios enfrentados de las estrechas calles del Trastévere. Los locales que habita son amables, incluida su casa a la que invita a un personaje coreano. Todo es luminoso.
Coixet procura darnos la trivialidad de la vida en lugares comunes, la cotidianeidad en el suelo, pero lo hace con mucho gusto, con estilo, con una música estupenda, creando un ambiente tan amable y agradable que parece el mejor para vivirlo, el mejor para enfrentar el drama y resolverlo, el que facilita un final risueño y humano.
Parte del guion es un conjunto de frases optimistas sobre vivir el presente, dichas despacio y con tono jovial que parecen sacadas de manuales de autoayuda, sin embargo encajan con normalidad incluso con idoneidad en las escenas y los personajes. No sé cómo lo hace pero no suenan cursis, puede que los silencios ayuden a entenderlas mejor.
En los créditos finales se oyen a los protagonistas, merece la pena quedarse, te ríes y te sientes cercana a la directora, además la música es muy buena. Y sí, al salir, antes o después, aparecen alusiones a Mi vida sin mi, qué se le va a hacer.

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