GRAN CRUZ DE LA ORDEN CIVIL DE SANIDAD
El lugar perfecto para inocular el fascismo desde la raíz: la mente humana. La psiquiatría fascista del nazismo y el franquismo son un buen ejemplo del uso ideologizante de la medicina, concretamente en el campo de la salud mental, el más frágil y desconocido posible, del que la neurociencia actual está avanzando poco a poco sus muchos contenidos y muy variadas posibilidades de curación.
Cuando escuché la noticia sobre Vallejo Nájera y la retirada de honores por parte del Consejo de Ministros me vino a la cabeza la obra de Almudena Grandes La madre de Frankenstein al estar basada en un caso clínico real de salud mental, en el manicomio de Ciempozuelos en los años 50 del siglo XX, justo la época, y el lugar, en la que destaca la tarea franquista de Vallejo Nájera, su importancia médica, sus honores de Estado, su prestigio psiquiátrico y su poder político. Recomiendo encarecidamente esta novela.
Para que la dictadura franquista se mantuviera en el tiempo era necesario todo un conjunto de redes sociales que la sostuvieran. Una de ellas tenía que ver con la sanidad, en la que el psiquiatra destacó y ayudó a crear. Junto con la red religiosa (que también era la educativa y cultural), empresarial, judicial, militar y policial, la sanitaria tenía un papel decisivo para el triunfo y mantenimiento del franquismo al tener como objetivo salvar o no vidas, tratarlas con dignidad o maltratarlas, usarlas como práctica del darwinismo social, concretamente fascista, un poder grandioso y muy suculento para el fascismo. Nada más eficaz que aplicar la ideología machista, racista, nacionalista, elitista, supremacista, xenófoba, homófoba y violenta contra la población desprotegida y necesitada, la más vulnerable, la enferma.
Por eso hoy, en democracia, resulta tan importante que la sanidad sea pública y de calidad. Es una garantía de igualdad, de respeto y dignidad, valores antifranquistas, es decir, democráticos.
Después de 50 años de la muerte del dictador, hay estructuras franquistas que siguen arraigadas en determinados ámbitos claves del sistema social español. La Judicatura está dando la cara a diario, también la Empresa, la Religión y el Ejército y la Policía. Aunque no todas las personas que practican la Justicia, todas las empresarias, las religiosas o la militares y policiales son franquistas resulta evidente que las hay que sí lo son y siguen ejerciendo su influencia donde pueden.
La democracia española no ha tenido el cuidado democrático suficiente para eliminar los rescoldos del franquismo en muchos ámbitos de la vida política. Nunca es tarde, pero el daño es mucho y muy difícil de reparar. Cuántas personas han sido excluidas de la sociedad por ser homosexuales, a cuántos bebé se les ha separado de sus familias biológicas, a cuántos internos se les ha aplicado terapias inhumanas. Son muchas personas las discriminadas, o directamente asesinadas (de una u otra manera) en nombre de la medicina española durante muchas décadas.
Los monstruos están aquí, incluso llevan condecoraciones militares y ostentan cargos políticos de renombre cobrando sueldos desorbitados y manteniendo privilegios inmorales.
Tiene que correr el Gobierno, en el año que le queda en el poder, para exterminar todas las cepas mutantes del franquismo que aún resisten, algunas cómodamente, entre las instituciones del Estado. Ningún otro gobierno lo hará, a menos que vuelva a intervenir la izquierda. La democracia es incompatible con la dictadura, con todas y cada una de sus ideas y comportamientos, da igual quién o quiénes tengan la posibilidad de ejercerlos, ya sean en tribunales, púlpitos, comisarías, cuarteles, colegios, hospitales, asociaciones o medios de comunicación.

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