LA PRESENCIA DE LA AUSENCIA
Carlos E. Sluzki, Gedisa, 2011
Gracias Álvaro.
El autor redacta su experiencia como terapeuta en cinco casos, cuatro con familias y uno personal, excepto en este caso, en todos los demás plantea una situación, un contexto, la entrevista llevada a cabo y el análisis posterior.
El interés surge desde el principio, cuando plantea el caso, especialmente el contexto porque intervienen factores sociales y culturales que definen los modos de pensar y sentir de los pacientes, las situaciones políticas son claves para entender sus comportamientos.
El enfoque holístico del asunto que reúne a la familia resulta muy adecuado para acercarse y poder verlo con perspectiva amplia. De hecho solo así es posible ver los sesgos que se tienen, tanto los familiares como el propio terapeuta, consciente de ellos y crítico en el análisis hacia ellos.
Aparecen fantasmas, perros soñados, desparecidos, visitas de hijos muertos...en contextos de familias migrantes, procedentes de culturas muy diferentes de a las que llegan y en las que crecen y viven. El lenguaje es clave porque la terapia consiste en escuchar sin juzgar, en preguntar sin ofender, y en interpretar gestos, respuestas y silencios.
El compromiso con la profesión y con los derechos humanos por parte del autor, crea una facilidad enorme para entender, sin ser profesional, los casos que contiene el libro. De hecho, se percibe el cuidado, al narrar las terapias, para evitar prejuicios y sesgos políticos, sexistas, económicos, religiosos o geográficos. También es de agradecer el vocabulario, con pocos tecnicismos y muchos ejemplos, aclaraciones, metáforas y notas al pie para no perderse y seguir el nivel de exposición de cada caso.
La antropología cultural sirve de escenario en el que transcurren los hechos y las terapias. El respeto para mirar lo concreto sobre ese escenario genérico permite normalizar modos de vida y comportamientos muy alejados de los propios como plausibles, lo que enriquece la mirada y con ella el conocimiento.
Apetece leer más casos con sus contextos e interpretaciones, con el respeto y la crítica debidos, con la asunción de errores y el reconocimiento del trabajo de otros colegas. Desde luego, se aprecia una sensibilidad e intencionalidad sana, de aprendizaje, en mostrar el trabajo que se hace, el método con el que se lleva a cabo y la voluntad de compartirlo, la ética profesional trasluce empatía y justicia, algo personal y algo social, son inseparables.

No hay comentarios:
Publicar un comentario