martes, 18 de agosto de 2026

#LorcaEterno

 En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

Pequeño vals vienés, Poeta en Nueva York, 1929-1930

Federico García Lorca

Todavía me ruborizo cuando recuerdo mi búsqueda desesperada de La casa de Bernarda Alba, en una librería comercial enorme del centro de Madrid, donde tienen clasificados los infinitos libros por autores. Al cabo de un rato de mirar y remirar y no encontrar el libro, me dirigí, indignada, a un trabajador para preguntarle si no tenía nada de Lorca, cómo era posible que hubiera visto ni uno solo de sus libros. Él, calmado, con una media sonrisa, me preguntó que dónde estaba buscando, yo, todavía perpleja, le dije que en la estantería de la letra L, como el trabajador descubrió que yo seguía sin darme cuenta de mi error me dijo ¿quieres decir García Lorca?, entonces y solo entonces caí, me di cuanta de mi inútil búsqueda y mi gran estupidez, así que, cabizbaja, me fui a la estantería de la letra G en donde estaba el drama lorquiano que buscaba y muchos otros libros más del escritor granaíno, asesinado hace hoy 90 años por el franquismo.

Poesía, teatro, música, canción, dibujo, diseño...

¡Qué grande Federico!

Todos los fascismo odian la libertad y el del franquismo no iba a ser menos. Todos los fascismos odian los múltiples modos de ser libre desde pensar, hablar, componer, crear, organizar hasta mirar, amar, desear, sentir.

La calidad de sus obras es incuestionable incluso para quienes le asesinaron, esos que hoy, aunque solo sea con la boca pequeña, lo recuerdan ante un altavoz, esos políticos y medios de comunicación herederos del franquismo, aliados del fascismo internacional.

Asesinar al poeta les salió caro, aunque perdimos todos. 38 años de vida tenía cuando, cobardes, fueron a por él, de noche, tal vez de luna negra, sin oponer resistencia subió al camión, junto a los otros de esa vez, para ser fusilado en el camino de Víznar, donde aún no se han encontrado sus restos. Hace 90 años.

Cuánto talento fusilaron entonces que nunca tendremos, los fascistas matan a los intelectuales, les estorban sus ideas y sus palabras, sus comportamientos y sus seguidores. No soportan  la inteligencia ni la sensibilidad, sobre todo no soportan que el pueblo sepa, se cultive, sienta, se exprese y aprecie la belleza por si acaso la quiere para sí, todo el rato, en paz, con alegría y jaleo.

No hay biblioteca ni librería en España entera sin sus libros, (en la estantería de la letra G...) ni colegio o instituto en el que no se oiga verde que te quiero verde, ni escenario que no represente La casa de Bernarda Alba.

La cultura evita la amnesia. Así que pasen cinco años o noventa.


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