domingo, 13 de septiembre de 2026

YO NO MORIRÉ DE AMOR

 YO NO MORIRÉ DE AMOR

Marta Matute, 2026


Esta película está muy bien hecha, creo que es porque cuenta la realidad sin más dramas que los que ya tiene, sin más excesos que los propios y sin más mentiras que las que existen a diario en las familias, entre las amistades y en los trabajos.

Cuando la madre enferma enferman un poco todos. Como la enfermedad es degenerativa, el resto de la familia degenera al mismo ritmo y las vidas de las hijas y del marido se vuelven peores, se estresan, incluso las relaciones entre ellos  empeoran y los reproches son inevitables. Todo se transforma con la transformación del cerebro de la madre.

Los cuidados cada vez son más exigentes en tiempo y tareas, hasta el punto de colocarse en el centro sobre el que giran los estudios, los trabajos, los ocios...los planes. Todos los planes están tan condicionados por los cuidados a la madre que nadie es como quiere ser.

El mundo propio deja de ser propio.

Todos los personajes se ven arrastrados sin saber bien hacaia donde. Improvisan primero, se desesperan después. La tristeza y frustración habita la casa familiar, el silencio y las excusas ocupan el lugar de las conversaciones familiares. Sin embargo cada miembro de la familia hace lo que puede, incluso lo que no puede a veces. Esto de hacer y hacer pero nunca es suficientes provoca situaciones límites que, la verdad, se resuelven bien, con sentido común y mucha empatía, mucho amor cotidiano, del que sale solo, natural, pata que se entienda y comprenda la situación y las decisiones que se toman.

Una estudiante adolescente, la hija menor que vive con los padres, una empresaria joven que será madre, la hija mayor que vive en otra ciudad, un trabajador que comienza su jubilación, el padre. En estas circunstancias sucede el Alzheimer de la madre, 

Crecer, emprender una vida y aceptar la última etapa, en este caso, se viven de tal manera que todo lo que viene después está, necesariamente y para siempre, condicionado. La normalidad de esta familia consigue superar los baches y aceptar las consecuencias, buenas y malas, de la enfermedad cruel de la madre. Las hijas y el padre, a base de tanteos, de renuncias y errores, construyen una manera de ser familia como todos las demás. 

Este drama, propio del cine social, resulta ser un espejo para abordar el paso del tiempo de nuestros seres queridos mayores, que seremos nosotras y nosotros dentro de no tanto. No hay plan, no hay instrucciones a seguir, no se hace bien ni se hace mal. Tal vez la sabiduría del padre consista en esto, en no juzgas a sus hijas, algo que ellas mismas acaban aprendiendo y es parte del bien que desprenden al final.

Mucha rabia y ternura, mucho aprendizaje vital. Las interpretaciones, estupendas, suponen la credibilidad mantenida para que soportemos el drama y el humor. La dirección, de esas que no se nota y que lo son todo. Muy recomendable, merecedora de los premios que ha conseguido y de los que vendrán.

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