lunes, 2 de noviembre de 2026

EL MEMBRILLO DE VICENT

EL MEMBRILLO DE VICENT


 En su columna de El País (1/11/26), Manuel Vicent escribe sobre la necesidad de cierto orden y lógica en la vida cotidiana ante el ritmo y dirección que parece llevar el mundo, la sociedad española incluida en la actualidad, después de acordarse de sus muertos como si estuvieran vivos ¿acaso hay otra manera de acordarse de ellos?.

La violencia gratuita corre como la pólvora, las tecnologías se usan para hacer el mal, las multinacionales multimillonarias ponen todo su poder al servicio del auto enriquecimiento ilimitado, lo básico se ha privatizado y la vida cotidiana a penas es importante para nadie porque los jóvenes viven en las pantallas, para las pantallas y por las pantallas, los adultos explotados por ellos mismos persiguiendo un rendimiento 24/7 y los mayores se usan como conejillos de indias en los que experimentar medicinas, recortes, y otras ocurrencias de la clase poderosa todavía intimidada un poco por estos últimos ya que son muchos, cada día más...nos morimos muy tarde para su gusto, de ahí su dilema porque son un negocio rentable al fin y al cabo.

Así las cosas, lo mejor que se puede hacer es coger un membrillo del árbol, tocar la pelusilla y ponerlo en el frutero de la mesa. Este gesto cotidiano, sin más enjuncia ni tonterías, parece salvarnos de lo absurdo y peligroso que resulta todo alrededor.

Los accidentes ferroviarios pueden estar causados por los recortes, igual que las muertes en los hospitales y los fracasos en las escuelas, a lo mejor también son lo mismo que los suicidios en las empresas y el auge de antidepresivos en las farmacias.

Cuando vea basura en las aceras la pondré en el contenedor que toque, eso será mi membrillo de Vicent del día de hoy, el de ayer fue cambiar de canal en la tv para no sobrepasar la dosis de incultura que recibimos por hora a través de los medios.

¿Cuál va a ser tu membrillo de Vicent?

domingo, 1 de noviembre de 2026

ILUSIÓN DE LIBERTAD

 REDES SOCIALES=SAQUEOS COMERCIALES

Foto:eldiario.es

Cuando los jóvenes, muchos de ellos menores de edad, atienden a las demandas de una red social, acudiendo al lugar que se les indica, vestidos como se les indica y para robar productos de las tiendas como se les indica, están obedeciendo ciegamente, sin cuestionar el hecho, solo lo obedecen. La sumisión de la masa es fruto de la atención algorítmica, a penas leen un mensaje breve, ven un cartel en un par de colores y ya son adictos, no pueden preguntarse qué significa el mensaje, de dónde parte o qué sentido tiene obedecerlo.

El éxito del algoritmo es secuestrar la atención de las personas rápidamente, en un click, con una orden breve, inmediata, clara. A través de la intimidad del móvil, de la individualidad, se consigue formar una masa de gente que no se conoce entre sí pero que se comporta igual, a la vez, en el mismo lugar. De manera mecánica, mimética, sumisa.

En la etapa de la rebeldía más absurda, la adolescencia y primera juventud, chicas y chicos (más chicos que chicas) aceptan ser esclavos como actitud diferenciada de la generación que les da de comer y les mantiene, del profesorado que les educa y de la política que les proporciona seguridad. Alimentos y amor, conocimientos y paz social. Todo esto lo tiran a la basura por asaltar las tiendas de las grandes avenidas y plazas urbanas.

Sabemos que muchas familias no tienen dinero suficiente para mantener a sus hijos, ni siquiera el amor suficiente, también que la educación pública está en sus peores momentos de inversiones y recursos, además la clase política parece trabajar al servicio de los lobbies armamentísticos y energéticos. Sin embargo, la rebeldía de la juventud es capitalista, no rompe con el sistema, usa sus medios y juega con sus normas, a saber, usa los móviles y roba, tecnología y abuso.

Ante la falta de satisfacciones la violencia toma el poder. Podría ser que lo hiciera sin mucho criterio, al menos desde fuera, a los adultos nos resulta absurdo saquear tiendas, quemar coches y violentar a la policía, sobre todo si no se acompañan de demandas sociales justas. Pero para quienes se pasan horas y horas ante pantallas infinitas, consumiendo expresiones e imágenes adictivas, cualquier cosa es válida si trae consigo el premio o la recompensa inmediata, objetos de valor económico, cosas de usar y tirar, novedades del mercado, negocio fácil y rápido.

Cómo influir en mentes adictivas, que se mueven en masa al servicio del algoritmo sin titubear, todos a una. Habrá que estudiar y planificar centros de rehabilitación, como con los adictos a las drogas. ¿Habrá que inventar una metadona para la tecnodependencia? ¿es el momento de invertir en desintoxicación tecnológica?

¿Será el momento de subvencionar proyectos hombre para jóvenes enganchados a las redes sociales cuyos cerebros está destruidos para usar la inteligencia, la curiosidad natural, la atención prolongada, el diálogo cara a cara, la escritura manual o la conversación sosegada?

Todo el mundo sabe que las drogas de los 70, 80 y 90 del siglo XX suponían grandes beneficios económicos al narcotráfico. Hoy debe haber grandes empresas tecnológicas acumulando millones de euros a costa de los ejércitos de tecnodependintes en todo el mundo. Si a los primeros se les ha perseguido con la leyes a los segundos también deberían.

EL MEMBRILLO DE VICENT   En su columna de El País (1/11/26), Manuel Vicent escribe sobre la necesidad de cierto orden y lógica en la vida co...