NO TODO SON LAS REDES SOCIALES
Esta mañana, una compañera profesora me ha dicho que un alumno le hizo el saludo nazi, le llamó la atención y su padre quiere hablar con ella porque considera que no tiene que hablar de política en clase.
Hay mucha polarización social, incluso en las propias familias, tanta que los adolescentes, proclives a los extremos y rebeliones con o sin causa, la reciben de buena gana y fácilmente. El alumnado de la ESO y Bachillerato absorbe imágenes y sonidos como esponjas, ya sean del móvil, ordenador o su casa. La madre y el padre, los abuelos y hermanos, todos contribuyen a que un día hagan el saludo fascista en plena clase y se queden tan panchos ante la llamada de atención del profesorado.
Todo sucede en un IES público, garantía de derechos fundamentales, democráticos. En este contexto tiene más importancia que se enseñen valores democráticos sin cortapisas, sin disimulos, porque está en juego la cultura, el saber, la acción de la ciudadanía. No es lo mismo el respeto que faltar al respeto, la igualdad que la discriminación, la justicia que el abuso, en definitiva la verdad que la mentira. La ley de educación vigente deja muy claro cuáles son los principios básicos del sistema educativo español, como es lógico son los democráticos y no los fascistas.
Desde hace tiempo es delito cualquier apología del franquismo u otros fascismos, entre otros motivos por las consecuencias que ha tenido cuando ha estado vigente, pero sobre todo por el odio que genera. La adolescencia es esa etapa natural que todavía no dispone de argumentos propios para justificar las acciones y las ideas, así que es muy fácil influir a los y las adolescentes.
La responsabilidad de las familias en la educación de sus hijas e hijos es total, no ha disminuido por el hecho de pasar poco tiempo con ellos, o porque estos usen las redes sociales o vayan al instituto hasta que sean mayores de edad. De hecho, son las familias las responsables siempre del comportamiento de sus hijos dentro y fuera de sus casas mientras son menores. Por esto nos avergüenza e indigna tanto el caso de Cantabria, en el que varios chicos han vejado a un compañero con discapacidad física e intelectual, por sus familias, qué verán en sus casas, qué oirán, qué les enseñarán a sus hijos. Rápidamente pensamos en sus madres y sus padres.
No todo vale en democracia. No todo vale en el colegio, instituto o universidad. Basta ya de consentir o disculpar comportamientos de odio, fascistas, racistas, machistas, tránsfobos, aporofóbicos o xenófobos. Si los practican menores hay que enseñarles que es un delito y por qué lo es. El negacionismo no debería entrar en clase, tenemos argumentos científicos e históricos en todas y cada una de las asignaturas.
Recordamos que las instituciones públicas de nuestro país facilitan las escuelas de familias en las que se ofrecen talleres y charlas sobre temas relacionados con la educación de sus hijas e hijos. Convendría que asistieran, que dialogaran sobre cualquier duda o propuesta, y entre todas y todos aprender a convivir en paz, respetándonos para dar ejemplo.