BELÉN
Dolores Fonzi, 2025
No me extraña que ganara el Goya a la Mejor Película Iberoamericana 2026, el pasado Febrero, como no me extraña el discurso de agradecimiento de su directora al recibir el premio, ya que acabo de verla y he sentido indignación, rabia y alegría de premio de cine comprometido, social, necesario, revelador, urgente, ese cine que también premia los Goya.
Cuánto daño hace la Justicia mal impartida, la policía manipulada, la política machista, las costumbres patriarcales, los colegios conservadores, los funcionarios abusadores de poder y los medios de comunicación que optan por la desinformación.
Hay gente en la cárcel porque algunos de los agentes sociales antes mencionado la elige para dar ejemplo, intimidar, chantajear, advertir, ajusticiar y demostrar quién tiene el poder absoluto sobre la sociedad y sus habitantes, ya sea en Tucamán o en cualquier otro rincón del mundo, hoy mismo.
Es una aberración inefable encarcelar a una mujer sin pruebas, y acusarla de algo que no debe ser delito si hay derechos entre la población.
La película muestra cómo los hospitales pueden ser negligentes hasta el punto de ser inmorales. También el ejercicio de muchas profesiones públicas, porque quienes las ejercen no tienen escrúpulos ni argumentos, maltratan a la ciudadanía que tienen que proteger.
El lado positivo es muy positivo. La unión de mujeres, empáticas, solidarias, generosas, consigue llenar calles con gritos, pancartas, globos, pinturas, máscaras, con reivindicaciones justas. Mujeres de muchos colectivos, de muchas zonas del país, consiguen adhesiones de todo el mundo. Lideradas por abogadas con principios claros, robustos que esgrimen sin titubeos en los tribunales, en los medios, en la familia y en la calle.
Conviene destacar la vida de las protagonistas porque es una vida normal, con la que nos podemos identificar muchas personas, para así dejar claro que el compromiso por los derechos, por la justicia y la igualdad, no es cosa de heroínas ni de superhéroes, es algo que nos interpela a cada una/o y reaccionar tiene consecuencias.
Se oculta información, se impide probar las acusaciones, se arma un expediente con mentiras, contradicciones, como si fuera una broma, una burla, aunque la condena es real, la mujer encarcelada, durante tres años, es condenada a ocho por algo que no hizo. La humillación a las mujeres, presas o letradas, forma parte del trato patriarcal de la Justicia. Afortunadamente hay personas sensatas que, aunque se juegan su prestigio y puesto de trabajo, asumen el riesgo y dan un paso en favor de la víctima. Al final, son muchos pasos, de las familias y de buena parte de la sociedad argentina. Un caso real que recorrió el mundo y supuso un antes y un después en los derechos de las mujeres y en los procedimientos judiciales, especialmente en el tratamiento a la intimidad de las acusadas.
Las incursiones religiosas en el aborto están bien tratadas, sobre todo en la hija adolescente y en su profesora o en la propia abogada y su entorno laboral, así como en el programa de televisión, mezclando el humor y la frescura.
La violencia de género en el ámbito judicial es irreparable aunque se corrija porque el daño que causa a las mujeres durante el proceso no se puede eliminar con una nueva sentencia, está en la mente y en el cuerpo de las víctimas de por vida.
Ojalá, pronto, deje de costar tanto el ejercicio ético de la Justicia sobre las mujeres.

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