DE CUYO NOMBRE NO QUIERO ACORDARME...
Esta frase cervantina explica bien cómo me siento cuando compruebo que en mi pueblo, el PP y el PSOE, cierran cines y ponen banderas. Tal vez el autor de Don Quijote sentía tanta vergüenza como yo del pueblo al que alude en su universal obra maestra.
No puedo creer que una población de más de 6.000 habitantes haya accedido a gastar x euros en poner un palo y una tela en el centro del pueblo, precisamente ahora, que tanta polarización supone la dichosa banderita y tantas enemistades procura, de hecho es lo único que hace porque no da pan ni vino, no da seguridad ni educación, solo genera diferencias en lugar de concitar igualdades y convivencia pacífica.
Hace unos años, cuando el PP lanzó la idea de poner banderas de España en los balcones y ventanas, me visitó mi madre en la ciudad que habito. En mi barrio hay muchas ventanas y balcones y algunas de ellas siguieron el mandato de la derecha como una muestra de oposición al gobierno. Mi madre se escandalizó, me preguntaba por qué lo hacían si todos somos españoles, si todos vivimos en un mismo país. Le asustaba que se empezara a marcar a la gente, aunque fuera la propia gente quien se marcaba con una tela, las personas vecinas que se querían diferenciar de las personas vecinas. No entendía nada y le asustaba. A mi me transmitió la preocupación de que la gente empiece a distinguirse, a separarse entre sí porque eso solo conduce a la enemistad, al odio y la violencia, antes o después.
Si viviera mi madre y viera su pueblo con la bandera de España enorme, en plena rotonda del Pozo de la Aldea se echaría las manos a la cabeza y diría por qué, por qué aquí, en casa, es que no tenemos bastante ya con los problemas diarios, con lo deprisa que van los coches, los baches en las calles, las aceras rotas, la suciedad que se mete a las casas, los ruidos gratuitos de las motos...por qué, desde su Ayuntamiento, se provoca al pueblo para que se enfrenten entre vecinos, familiares...otra vez.
Todos somos españoles, en mi pueblo como en el resto del país, y los que no lo son viven entre nosotros porque quieren, porque los necesitamos o porque nos visitan.
Los pueblos son únicos por su folclore, sus costumbres, sus innovaciones, y el mío lo era por ser acogedor. Ahora habrá gente que nos mire mal por haber tomado la decisión de sembrar diferencias y separaciones en lugar de uniones y bienestar compartido.

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