domingo, 26 de abril de 2026

JUECES MACHISTAS

 SESGO DE AFINIDAD


Por muchos estudios que se cursen, por muchas veces que se viaje lejos del hogar, por muchas horas de trabajo que se acumulen en la currículo, si no se quiere... no se quiere.

Todas las personas crecemos en ambientes familiares y culturales, los que sean. En todos se transmiten prejuicios y estereotipos de todas las maneras posibles, muchas de ellas inconscientes. Se llaman sesgos, pensamientos que alimentan las ideas y los hechos de las personas que nos rodean, sus costumbres y creencias, el lenguaje, las modas con sus canciones, ropas y medios de comunicación de turno. Todo influye y genera sesgos cognitivos. Por eso decimos lo que decimos y actuamos como actuamos. Por eso proyectamos un futuro, construimos un presente y transmitimos nuestros valores a los demás, familiares y amistades, los desplegamos en todas las situaciones de nuestra vida, incluido el trabajo, nos dediquemos a lo que nos dediquemos, ya seamos un cargo público como un juez o un influencer como los medios de comunicación.

Irene Vallejo, en su artículo de abril en El País, escribía sobre el sesgo de afinidad describiéndolo como "más vale malo semejante que bueno por conocer" y así explicaba cómo nos hacemos racistas y xenófobos. En realidad, es así como nos hacemos también solidarios, empáticos y respetuosos, solo que para lo malos, el racismo y la xenofobia, se necesitan personas que generen odio y redes sociales que las difundan.

Generadores de odio y redes sociales. Estos ingredientes están hoy en muchas partes, desde que disponen de dinero se multiplican y transforman su imagen hasta colonizar bien las mentes de las personas, esa parte inconsciente en la que tienen lugar los sesgos como el de afinidad.

La psicología social lleva muchos tiempo estudiando este hecho y por tanto ofreciendo muchas explicaciones. Cualquiera puede consultar las numerosas corrientes y autores que hay al respecto, además de ser una de las materias más estudiadas en las facultades de Psicología con repercusiones en el ámbito laboral, periodístico, artístico y criminal.

Estos sesgos son la base de la publicidad (economía de mercado), de las creencias (negocio religioso) o de ideologías políticas (intereses partidistas).

David Mamán, juez de violencia de género, es machista, desprecia a las mujeres, las insulta, no las cree, las considera malas, mentirosas, aprovechadas, egoístas y perversas. Sus sesgos de afinidad machista están en todo lo que dice y hace, también en su trabajo, así que juzga con ellos, sentencia sobre la vida de las personas, su presente y su futuro, condena o libera, premia o castiga, de acuerdo con sus sesgos aunque estos vayan en contra de las propias leyes que debe cumplir dado su puesto de trabajo.

Como los sesgos son inconscientes debe haber un mecanismo para que quienes tienen que juzgar no caigan en ellos porque de lo contrario nos encontramos con Davides Mamanes que provocan injusticias, malos tratos y muertes sobre violencia de género, hacia las mujeres y sus hijas e hijos, y en general hacia toda la sociedad.

En las revistas científicas de prestigio usan varios filtros antes de dar a conocer novedades ya que estas suponen grandes prestigios y ventajas a sus autores. Esos filtros suponen que científicos de la rama de la novedad en cuestión valoren, estimen y se pronuncien al respecto. Y otro filtro es su reproductibilidad, es decir que se pueda comprobar repitiéndose y así tener claro los efectos que se muestran como novedosos.

En materia de violencia de género, dados los numerosos casos en los que los sesgos de afinidad impiden la justicia, con riesgo de asesinato para las víctimas, debería haber filtros antes de que las sentencias sean firmes.

Aunque, en casos como el de David Mamán no hace falta mucho, tan solo escuchar lo que dice en el foro de jueces de Madrid para revisar su trabajo y reeducarle si quiere seguir trabajando de juez.

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