MARCELO
Guillermo Fesser, Contraluz, 2022
En nuestra cultura provinciana española no existen restaurantes, coctelerías ni bares en las estaciones de trenes como en Norteamérica. Si lo hay no tienen nada que ver con los de New York tal y como nos lo cuenta Fesser, a modo de escenario en el que transcurre prácticamente entera esta novela.
El ambiente, el clima, la atmósfera que se ve, se oye y se huele, a veces, es un lugar de cine, de otro mundo, un espacio especial donde se viven cosas que no vivimos a diario. Sin embargo, el autor se las apaña para que, en cada página, el Oyster Bar de Gran Central Terminal nos parezca cotidiano, incluso familiar, todo por el protagonismo del barman, él es el título de la novela y la novela entera.
Como es una novela de 500 páginas hay muchas y variadas subtramas que resultan oportunas y enriquecedoras respecto ala principal, la vida de Marcelo y con ella la de millones de personas migrantes, millones de personas enamoradas, millones de personas trabajadoras.
Los lugares geográficos, los amores y los trabajos, interactuando, dibujan un panorama universal que Fesser ha ubicado en EEUU destino New York y procedencia Quito, Ecuador.
La narración zigzaguea entre los tres elementos y el tiempo, mostrando capítulos ecuatorianos, de la infancia, de la economía doméstica familiar y laboral, intercalados con el presente neoyorkino, de la madurez, de las relaciones familiares exitosas y fracasadas y especialmente del lugar de trabajo con sus compañeros, sus amistades, sus cuidados.
Marcelo cumple un año más a lao largo de la novela. Ese tiempo es el contenido, la trama, que se rellena muy bien con la geografía, los deseos y los cócteles. Aparecen varias vidas cruzadas de generaciones diferentes, en torno al trabajo periodístico de una reportera española que consiste en redactar la vida de Marcelo mientras se está escribiendo la posibilidad, el cómo se hace, los materiales y la estructura de la obra que es realmente este libro. Así que hay de metaliteratura intencionada que resulta deliciosa.
Destacaría muchas expresiones, sobre todo las que contienen distintos idiomas en las mismas frases, dando a entender la complejidad del cerebro humano y la maravilla de la mezcla de ideas, sentimientos y comunicaciones. Pero tal vez, el episodio de la comida familiar de Acción de Gracias, Thanksgiving, reúna una buena muestra de la diversidad cultural que cabe en una sola familia, que se expande en ramificaciones improvisadas y que resulta ser un ejemplo de la humanidad a su paso por este mundo.
El misterio y la intriga también forman parte de la trama, del culebrón, mantenidos con ese vaivén temporal, local, familiar y laboral, cuyo hilo conductor es la música, las canciones y los bailes, ingredientes culturales universales donde los haya, junto a las lenguas claro.
Los mensajes son muy claros, en favor de la tolerancia, el respeto y la globalización bien entendido, en contra del racismo, el patriotismo excluyente, los abusos de poder en todos los ámbitos y las xenofobias de cualqueir tipo.
Es un gusto avanzar por las páginas siguiendo a los personajes, consiguiendo información sobre quiénes son, quiénes eran y quiénes serán. Hay muchos guiños literarios, cinematográficos y musicales que nos acercan a la historia, gracias a los que estamos en ella, en un taburete de la barra del Oyster Bar escuchando y observando a los personajes que traen sus vidas puestas y las exhiben ante Marcelo o las ocultan también ante Marcelo porque tiene algo que todos buscamos y necesitamos.

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