YO TE CREO
Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, 2026
Esta película belga resulta muy incómoda y estresante porque la violencia de género lo es, siempre, también cuando la familia consigue separarse del maltratador, abusador, violador, que es el padre, el esposo. Pero es muy dura porque transcurre en un juzgado, ante la juez, con la cámara quieta ante las caras del agresor y de la víctima mientras sus abogadas relatan sus versiones, contradictorias claro.
Agobia la cara de la madre, mucho. Tiene que permanecer impasible ante las palabras de la abogada de su exmarido que la acusan de manipulación, negligencia, incapacidad, venganza a la vez que expresan las bondades del padre y sus intereses por hacerlo bien con sus hijos. Es realmente estremecedor.
Las víctimas más vulnerables son los menores, especialmente el hijo menor, cuya vida ha dado un giro mortal desde que su padre abusó de él. La conducta disruptiva, agresiva que mantiene en los pocos minutos que se le ve tiene todo el sentido tras escuchar a la madre en su alegato final, es la última en tomar la palabra, así es el protocolo judicial belga.
El papel de los abogados resulta crucial, especialmente el de los menores, sus sensaciones y juicios de valor, sus recomendaciones y propuestas.
No resulta fácil imaginar cómo es la vida de las personas, de todas las edades, víctimas de violencias sexuales, víctimas de violencia de género, de violencias realizadas por el padre, por el esposo. En esta ocasión se pone el foco en un momento, en unas horas, pocas, sin embargo se puede extraer cómo es el día a día de los implicados. Día a día de la adolescente, del niño, de la madre. Día a día de los estudios, de los amigos, del trabajo. Día a día de la salud y de la enfermedad, de psicólogos, hospitales...
La sala en la transcurre todo es blanca, totalmente blanca, incluso las sillas, consiguiendo que nos centremos en las voces, en el significado de las palabras pronunciadas por las abogadas, por los padres y finalmente por la jueza que, cuando todos salen se levanta y se apoya en la ventana dándonos la espalda, como si le costara seguir, como si no pudiera más tras lo que acaba de escuchar (a los menores, a los abogados y a los progenitores) pero tiene que dictar sentencia inevitablemente.
Se discute sobe el papel del maltratador respecto de las relaciones con sus hijos, se cuestiona si merece verlos o tenerlos. Después de ver esta película no quedan muchas dudas. Aunque cada caso sea distinto resulta fundamental la experiencia, los hechos probados, antes de sentenciar si un hombre maltratador debe o no debe mantener régimen de visitas con sus hijos.
Saber escuchar no es fácil, saber entender el lenguaje corporal tampoco, eliminar intereses personales de todo lo que se presenta como el caso antes de decidir debe ser dificilísimo, aún así solo tenemos la Justicia para conseguir calma, paz, tranquilidad y poco de normalidad en la vida las víctimas.
Extraordinaria película que nos plantea el papel de la Justicia ante las violencias del padre y esposo en la familia. Sigue siendo difícil creer a la mujer, sigue estando el estigma de la venganza y la maldad alrededor de la madre, a pesar de los destrozos personales en los hijos.
¿Por qué dejamos pasar el machismo cultual, con protagonismo, a los tribunales?

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