EL EXPERIMENTO
Oliver Hirschbiegel, 2001
Sigue siendo una buena película para explorar, en la naturaleza humana, el poder del poder.
En el sótano de la universidad, la facultad de psicología experimenta sobre los roles humanos en la autoridad y en la sumisión. Veinte hombres, por dinero, se ofrecen a pasar quince días siendo presos (12 de ellos) o guardias (8 restantes) de una cárcel simulada, tras pasar unas pruebas físicas y psicológicas.
A veces las circunstancias cambian un poco y las consecuencias son inmensas.
El protagonista sufre un accidente y decide volver a su antiguo trabajo justo antes de comenzar el experimento. Un hecho fortuito y otro premeditado condicionarán su participación y el propio devenir del ensayo psicológico.
La experimentación supone, por definición, controlar el espacio y el tiempo de duración, las variables que se quieren estudiar, intervenir, comprobar el proceso, evaluar periódicamente, tomar decisiones al respecto y ponerle fin. Todo esto parece estar pensado y más que pensado por el equipo que lo pone en marcha y así lo diseña, desde la selección de voluntarios.
La trama nos muestra cómo el desempeño del experimento transcurre por caminos aparentemente interesantes y exitosos pero resultando algo que no entraba en ningún plan, por ser inhumano.
Como está basada en un caso real de los años 70 del siglo pasado ya se han sacado todo tipo de conclusiones. Lo relevante es la ética de la experimentación. En realidad es lo único importante porque determina todo lo demás.
Cuando asumimos roles que suponen poder sobre otras personas podemos convertirnos en cualquier cosa. Nuestra personalidad, nuestra experiencia, nuestros proyectos, todo se puede ir al traste en un segundo y virar hacia lo más abyecto del ser humano.
Todos los sesgos sociales (laborales, de género, económicos, culturales, tradicionales...) aparecen protagonizando desde los chistes al uso de la violencia, provocando muchas sensaciones enfrentadas.
Muy buenas interpretaciones.
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