ANATOMÍA DE UN DESCARRILAMIENTO
Más de una decena de organizaciones estatales, cada una compuesta por varias decenas de personas, aportando sus conocimientos especializados sobre el terreno para extraer toda la información posible en el menor tiempo y con ella poner sobre la mesa datos, hechos con los que realizar hipótesis, cuantas más mejor, antes del siguiente paso en la investigación que es la contrastación, verificación y falsación.
Este proceso de investigación sobre el dramático accidente de trenes en Adamuz, retransmitido casi en directo en los medios de comunicación, es lo más parecido al método científico que se realiza en las ciencias empíricas occidentales.
En el siglo XVII Galileo Galilei propuso modificar el método de investigación para poder saber más y mejor, para que las ideas de Copérnico no se despreciaran por absurdas o ridículas. Juntó la experimentación y las matemáticas, la observación y la deducción, así demostró el heliocentrismo. Su nuevo método seguía cinco pasos (que me parecen ver cada vez que pongo la tele y escucho al ministro y a los responsables de Adif y Renfe cuando avanza sobre el estado de la investigación):
1.- Observación del problema a estudiar
2.- realización de Hipótesis explicativas, imaginando cuantas más mejor con el fin de no dejar nada sin cotejar
3.- Matematización, en la medida de lo posible, del mayor número de hipótesis
4.- Contrastación, verificación, comprobación y falsación (añadida por Popper en el siglo XX) de las hipótesis que han pasado la criba de las matemáticas, por especialistas con sus equipos de trabajo, sus laboratorios, sus diferentes puntos de vista.
5.- Propuesta de resultado que debe ser inferido solamente de los pasos anteriores.
Galileo le llamó método Hipotético-Deductivo ya que la mera observación no es suficiente como tampoco la mera especulación teórica. Laboratorio y matemáticas juntos. De los efectos a las causas pasando por todas las hipótesis posibles en cada casa, momento y lugar. Se trata de no dejar nada, o lo menos posible, sin apreciar, valorar, contrastar, antes de concluir resultado alguno.
Más de tres siglos después, podemos seguir en directo la aplicación, mejorada por el paso del tiempo en una cultura científica como la nuestra, paso a paso en el lamentable accidente de trenes andaluz.
¿Puede haber otro modo de saber, de llegar con más aproximación a la verdad? Las tecnologías actuales simplifican mucho algunos de los pasos del método Hipotético-Deductivo de Galileo, especialmente en precisión y rapidez, en cantidad y variedad, de manera que hoy, las ingenierías tienen un papel decisivo. Además contamos con los contextos de descubrimiento (imaginación ) y justificación (evidencias) para aclarar cómo y por qué se aceptan los avances y los resultados en las ciencias, en las investigaciones.
Después de lamentar los hechos, de acompañar en el dolor a los supervivientes y familiares de las víctimas mortales, nos queda agradecer a los responsables de la investigación su trabajo y la difusión del mismo para nuestra tranquilidad, seguridad y consuelo, todo lo que aporta el saber frente a la ignorancia.
Las personas necesitamos el conocimiento para vivir mejor y todo lo que lo obstaculice, lo impida, lo retuerza o sencillamente lo utilice malintencionadamente hace daño, sienta mal y consigue que se viva peor, mucho peor que con la verdad (el mayor grado de verdad al que se pueda llegar hoy). Esto lo sabemos cualquiera, sería deseable que no nos utilizaran, mucho menos a las víctimas, para generar enfrentamientos que no conducen a nada bueno.
En clase de Filosofía, en Bachillerato, aprendemos a pensar y a apreciar el conocimiento con el que vivimos mejor. Nada hay que haga el ser humano que escape al objetivo ético de su vida. La ciencia y sus métodos sirven para vivir mejor, por esto seguimos innovando tantos siglos después de comprobar que el conocimiento verdadero nos conviene.

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