LA LUZ VERDE DE IRATI
...y con la luz el musgo de las piedras, los troncos de las hayas, el agua de los arroyos incluso la piel se vuelve verde, un tono verde Irati que recorre cada bosque de los valles pirenaicos navarros, los occidentales, los que te llevan a Euskadi en un momento o a la Francia fronteriza de tantas luchas.
Con lo ojos inundados de verde Irati puedes ver las brujas de Zugarramurdi sin esfuerzos y las medusas de las cuevas de Urdax. Puedes pasear por el camino del Pantano de Eugi, que abastece de agua a Pamplona y acaba en un castañar milenario, junto al río Arga siempre risueño en pequeñas cascadas alegres y rítmicas.
Hay abetos que tienen ramas caídas pero no se caen por muy altos y rectos que crezcan. Comparten espacio con las hayas de tronco gris claro que ocupan mucho más que los abetos porque se extienden a lo ancho, no solo a lo largo, irregulares, sus ramas crecen en todas las direcciones sin orden ni concierto, salen a los caminos y te invitan a buscar el tronco del que nacen y no siempre es fácil verlo enseguida...te pueden enredar con los avellanos y los castaños que te distraen con sus frutos prematuros tan verdes como la luz y tan distintos a como los conocemos en las casas.
Hay paz natural, sin estridencias ni sobresaltos. Caminos casi todos llanos que despistan a cualquiera porque las referencias se repiten en la llanura, en el verdor, en el revuelo de los pajarillos y en el revolotear de las mariposas, algunas se confunden con las hojas.
Las flores de verano son moradas, blancas y amarillas. Algunas azules, las campanillas que no abundan, pero la mayoría están tomadas por abejorros grandes inquietos e impacientes yendo y viniendo de flor en flor que pronto será cardo seco, estéril y punzante.
Los caballos con sus cencerros, como ganados de vacas u ovejas, son ponis vascos que transitan sin miramientos por los caminos, las carreteras y pistas forestales como por su casa, la mayoría son marrones pero también blancos con manchas y algunos más oscuros, casi negros.
Todo lo reviste la luz verde de Irati...pacífica luz, invitación al sosiego y a la clama, a la curiosidad y a la aventura...luz verde de bosque denso, de selva pirenaica.
Ante todo mucha calma...pensar antes de escribir y argumentar en lugar de opinar.
martes, 27 de agosto de 2019
domingo, 11 de agosto de 2019
SUPERFICIALES ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
Nicholas Carr, Penguin Random House, 2018 (primera publicación en 2010)
Seguramente cualquiera ha comprobado los efectos de Internet en su vida, la cantidad de cosas que hacemos y dejamos de hacer gracias a Internet. Estas acciones tienen su correlato en nuestro cerebro, no le resultan indiferentes a nuestro cuerpo, tanto es así que la dirección de la evolución humana está tomando tintes electrónicos (investigación e intervención médica, ambiental, energética o alimenticia) a gran velocidad...¿somos conscientes?
Cada vez que transformamos el medio nos transformamos. Así ha ido comportándose la evolución natural, todo lo que sucede afecta al medio en el que lo hace y por extensión a todo lugar al que llega aunque sea remotamente.
El autor expone con mucha claridad y ejemplos cotidianos cómo nuestro modo de pensar, de sentir y de interpretar el mundo se ve afectado por la tecnología hoy más que nunca porque somos seres más tecnológicos. Pero, tal vez, no hayamos reflexionado lo suficiente sobre este hecho corriente, que venidos asumiendo desde hace siglos. Hoy el poder que tiene Internet en nuestras vidas no es comparable con el poder de cualquier otra tecnología anterior y eso que los mapas, los relojes o la escritura fueron revolucionarios, tremendamente decisivos en nuestra organización social y en nuestra personalidad individual.
Se agradece lo bien escrito que está, no siempre un ensayo seduce y provoca seguir leyendo sin parar.
Estamos viviendo un tiempo dominado por máquinas que llevamos en el bolsillo del pantalón 24 horas al día, 365 días al año. Este hecho no pasa inadvertido a nuestra mente. Ahora percibimos todo de manera diferente, analizamos todo con unos instrumentos muy potentes y nos relacionamos con la gente de manera muy distinta.
Lejos de valorar o de juzgar el progreso y retroceso de las nuevas tecnologías, Carr plantea que la biología y la tecnología todavía no son lo mismo...¿hasta cuándo? Hoy las investigaciones más punteras trabajan en el campo de la biotecnología para ser aplicadas a ámbitos como la salud o la ingeniería.
Mi memoria y mis conocimientos ya no se ocupan de almacenar datos o de operar con cifras. Las conexiones neuronales que se derivan de ciertas acciones intelectuales ya no las practicamos y se convierten en otra cosa. La plasticidad del cerebro es grande y se adapta a todo lo que sea con tal de mejorar y satisfacer necesidades, "cuando un obrero que se dedica a cavar zanjas cambia su pala por una excavadora, los músculos de su brazo se debilitan, por más que él multiplique su eficacia. Un intercambio muy similar a este podría estar llevándose a cabo cuando automatizamos el trabajo de la mente" (pág.160)...avanzamos hacia la inteligencia artificial y ese avance ¿traerá debilidad de la inteligencia biológica?
Entonces, aparece el fantasma de las clases sociales. Claro, no a todo el mundo le llegan por igual los avances y progresos de la ciencia y la técnica. Seguirá habiendo desigualdades insalvables en lo que dura una vida humana. La dominación, manipulación y poder que generan las tecnologías estará al alcance de unos pocos, luego viviremos un mundo humano con inteligencias biológicas y artificiales como máxima diferencia social, económica...¿moral?
Nicholas Carr, Penguin Random House, 2018 (primera publicación en 2010)
Seguramente cualquiera ha comprobado los efectos de Internet en su vida, la cantidad de cosas que hacemos y dejamos de hacer gracias a Internet. Estas acciones tienen su correlato en nuestro cerebro, no le resultan indiferentes a nuestro cuerpo, tanto es así que la dirección de la evolución humana está tomando tintes electrónicos (investigación e intervención médica, ambiental, energética o alimenticia) a gran velocidad...¿somos conscientes?
Cada vez que transformamos el medio nos transformamos. Así ha ido comportándose la evolución natural, todo lo que sucede afecta al medio en el que lo hace y por extensión a todo lugar al que llega aunque sea remotamente.
El autor expone con mucha claridad y ejemplos cotidianos cómo nuestro modo de pensar, de sentir y de interpretar el mundo se ve afectado por la tecnología hoy más que nunca porque somos seres más tecnológicos. Pero, tal vez, no hayamos reflexionado lo suficiente sobre este hecho corriente, que venidos asumiendo desde hace siglos. Hoy el poder que tiene Internet en nuestras vidas no es comparable con el poder de cualquier otra tecnología anterior y eso que los mapas, los relojes o la escritura fueron revolucionarios, tremendamente decisivos en nuestra organización social y en nuestra personalidad individual.
Se agradece lo bien escrito que está, no siempre un ensayo seduce y provoca seguir leyendo sin parar.
Estamos viviendo un tiempo dominado por máquinas que llevamos en el bolsillo del pantalón 24 horas al día, 365 días al año. Este hecho no pasa inadvertido a nuestra mente. Ahora percibimos todo de manera diferente, analizamos todo con unos instrumentos muy potentes y nos relacionamos con la gente de manera muy distinta.
Lejos de valorar o de juzgar el progreso y retroceso de las nuevas tecnologías, Carr plantea que la biología y la tecnología todavía no son lo mismo...¿hasta cuándo? Hoy las investigaciones más punteras trabajan en el campo de la biotecnología para ser aplicadas a ámbitos como la salud o la ingeniería.
Mi memoria y mis conocimientos ya no se ocupan de almacenar datos o de operar con cifras. Las conexiones neuronales que se derivan de ciertas acciones intelectuales ya no las practicamos y se convierten en otra cosa. La plasticidad del cerebro es grande y se adapta a todo lo que sea con tal de mejorar y satisfacer necesidades, "cuando un obrero que se dedica a cavar zanjas cambia su pala por una excavadora, los músculos de su brazo se debilitan, por más que él multiplique su eficacia. Un intercambio muy similar a este podría estar llevándose a cabo cuando automatizamos el trabajo de la mente" (pág.160)...avanzamos hacia la inteligencia artificial y ese avance ¿traerá debilidad de la inteligencia biológica?
Entonces, aparece el fantasma de las clases sociales. Claro, no a todo el mundo le llegan por igual los avances y progresos de la ciencia y la técnica. Seguirá habiendo desigualdades insalvables en lo que dura una vida humana. La dominación, manipulación y poder que generan las tecnologías estará al alcance de unos pocos, luego viviremos un mundo humano con inteligencias biológicas y artificiales como máxima diferencia social, económica...¿moral?
viernes, 9 de agosto de 2019
Eichmann en Jerusalén
Hannah Arendt, Penguin Random House, 2018 (primera publicación en 1963)
El juicio está narrado para ser difundido también en la prensa por lo que cuenta con un lenguaje escrupuloso, preciso, inteligible a cualquiera. Esto es de agradecer porque la autora podría haber sido mucho más "sesuda" desde la filosofía alemana.
Muchas expresiones sugieren comentarios y reflexiones varias. Los datos aportados a cada paso, totalmente accesibles a quien quiera investigar un poco, muestran un panorama bastante atractivo como para resultar interesante muchos años después de suceder. Especialmente porque los hechos expuestos explican bien el presente de la cultura política occidental, porque marcaron un antes y un después en nuestra civilización posilustrada.
Dice Arendt "Toda costumbre tiene su origen en un solo acto." y " Sea cual sea el castigo, tan pronto un delito ha hecho su primera aparición en la historia, su repetición se convierte en una posibilidad mucho más probable que su primera aparición." Afirmaciones estremecedoras porque pueden aplicarse al contexto actual de muchos países y de muchas conductas injustas e indignantes.
Constantemente comprobamos el peso importantísimo de las costumbres en nuestras vidas, justifican todo, incluso lo indeseable como comportamientos discriminatorios y violentos tales que los sexismos, los racismos, las xenofobias, los chovinismos, los supremacistas, en definitiva los etnocentrismos de todo tipo. Y empiezan en un solo acto. Podríamos cambiar esas costumbres con unos solos actos...¿Por qué no lo hacemos?
La repetición de un delito una vez que ha aparecido se ve a diario con las sucesivas "manadas" que violan o lo intentan a las mujeres, con la pornografía, la pederastia, la violencia de género, el narcotráfico, la deforestación, la contaminación, la explotación laboral, las injusticias judiciales y el fascismo. Lo vemos con la inhumanidad de Europa hacia las migraciones del Mediterráneo. Lo vemos, vemos como es ya una costumbre porque hubo un solo acto que fue el primero y no el último.
En este libro se muestran unos años de nuestra historia que no deberían repetirse jamás, unas prácticas políticas y judiciales a las que no deberíamos acostumbrarnos jamás. La banalidad del mal que resulta de todo el proceso no debe normalizarse y al menos deberíamos saber y poder detectarla para combatirla. Las aportaciones filosóficas que incluye la obra están perfectamente argumentadas y suponen ese aporte crítico que tanto se echa de menos en los supuestos análisis que nos meten por los ojos los medios de comunicación también llamados de desinformación para ser más justos.
Cuando a Eichmann se le ocurre decir que él es kantiano, la autora se indigna, con razón, y desmonta la falacia rápidamente. Este detalle dudo mucho que lo hubiera señalado un periodista al uso. Hannah Arendt no lo duda ni un momento, su conocimiento filosófico, ético, planea sobre todo el texto, todo el análisis y cronología del juicio. Resulta bastante imparcial, a pesar de ser judía y haber huido de su Alemania natal a EEUU pasando antes por Francia como tantos y tantos judíos alemanes en esos terribles años nazis, porque no oculta el necesario papel de colaboradores de buena parte del pueblo judío alemán en la Solución Final.
Sorprende leer las reacciones diferentes de los países europeos respecto al apoyo del nazismo o su repulsa. Aunque brevemente, queda claro qué países eran antisemitas y se sumaron con alegría a los proyectos de exterminio y cuáles burlaron los chantajes y presiones recibidos desde Berlín. Hoy viven de muy diferente manera, sus democracias no se parecen.
Historia, derecho, ética...presente continuo occidental!!
Hannah Arendt, Penguin Random House, 2018 (primera publicación en 1963)
El juicio está narrado para ser difundido también en la prensa por lo que cuenta con un lenguaje escrupuloso, preciso, inteligible a cualquiera. Esto es de agradecer porque la autora podría haber sido mucho más "sesuda" desde la filosofía alemana.
Muchas expresiones sugieren comentarios y reflexiones varias. Los datos aportados a cada paso, totalmente accesibles a quien quiera investigar un poco, muestran un panorama bastante atractivo como para resultar interesante muchos años después de suceder. Especialmente porque los hechos expuestos explican bien el presente de la cultura política occidental, porque marcaron un antes y un después en nuestra civilización posilustrada.
Dice Arendt "Toda costumbre tiene su origen en un solo acto." y " Sea cual sea el castigo, tan pronto un delito ha hecho su primera aparición en la historia, su repetición se convierte en una posibilidad mucho más probable que su primera aparición." Afirmaciones estremecedoras porque pueden aplicarse al contexto actual de muchos países y de muchas conductas injustas e indignantes.
Constantemente comprobamos el peso importantísimo de las costumbres en nuestras vidas, justifican todo, incluso lo indeseable como comportamientos discriminatorios y violentos tales que los sexismos, los racismos, las xenofobias, los chovinismos, los supremacistas, en definitiva los etnocentrismos de todo tipo. Y empiezan en un solo acto. Podríamos cambiar esas costumbres con unos solos actos...¿Por qué no lo hacemos?
La repetición de un delito una vez que ha aparecido se ve a diario con las sucesivas "manadas" que violan o lo intentan a las mujeres, con la pornografía, la pederastia, la violencia de género, el narcotráfico, la deforestación, la contaminación, la explotación laboral, las injusticias judiciales y el fascismo. Lo vemos con la inhumanidad de Europa hacia las migraciones del Mediterráneo. Lo vemos, vemos como es ya una costumbre porque hubo un solo acto que fue el primero y no el último.
En este libro se muestran unos años de nuestra historia que no deberían repetirse jamás, unas prácticas políticas y judiciales a las que no deberíamos acostumbrarnos jamás. La banalidad del mal que resulta de todo el proceso no debe normalizarse y al menos deberíamos saber y poder detectarla para combatirla. Las aportaciones filosóficas que incluye la obra están perfectamente argumentadas y suponen ese aporte crítico que tanto se echa de menos en los supuestos análisis que nos meten por los ojos los medios de comunicación también llamados de desinformación para ser más justos.
Cuando a Eichmann se le ocurre decir que él es kantiano, la autora se indigna, con razón, y desmonta la falacia rápidamente. Este detalle dudo mucho que lo hubiera señalado un periodista al uso. Hannah Arendt no lo duda ni un momento, su conocimiento filosófico, ético, planea sobre todo el texto, todo el análisis y cronología del juicio. Resulta bastante imparcial, a pesar de ser judía y haber huido de su Alemania natal a EEUU pasando antes por Francia como tantos y tantos judíos alemanes en esos terribles años nazis, porque no oculta el necesario papel de colaboradores de buena parte del pueblo judío alemán en la Solución Final.
Sorprende leer las reacciones diferentes de los países europeos respecto al apoyo del nazismo o su repulsa. Aunque brevemente, queda claro qué países eran antisemitas y se sumaron con alegría a los proyectos de exterminio y cuáles burlaron los chantajes y presiones recibidos desde Berlín. Hoy viven de muy diferente manera, sus democracias no se parecen.
Historia, derecho, ética...presente continuo occidental!!
jueves, 8 de agosto de 2019
MI MEDIO, MI SALUD...los plazos temporales
Como ET cuando decía "mi casa, teléfono" para comunicar su lugar en el mundo, nuestra especie terrícola también tiene una casa, exactamente una única casa. Esta, la Tierra que estamos quemando. La calentamos hasta arder con incendios provocados o descuidos evitables, con quema de combustible vario veinticuatro horas ininterrumpidamente, con pesticidas que abrasan la superficie y penetran hasta los acuíferos, con superpoblación animal que nos comemos y que expulsa bastantes gases contaminantes que también calientan el ambiente...le damos tal calentón que se está transformando.
Si la temperatura sube mi salud baja.
Ahora ser egoísta como especie puede animar a tomar medidas ecologistas beneficiosas para todo el planeta. Pero hay que serlo como especie no como clase social, como lugar de nacimiento o como color de piel. No, ha de ser como especie animal. Toda la humanidad debe dejar de consumir artículos que calienten la Tierra. ¿Cuántos? los que sean necesarios durante un tiempo prudencial para bajar la temperatura y después acostumbrados ya viviremos más sanos con menos cosas contaminantes. Y más fresquitos, con más agua, con mejor aire, con una naturaleza más natural, es decir, diversa...
El corto plazo es de tontos.
Ya lo decía Epicuro y su búsqueda del placer. Evitar el dolor es el mayor de los placeres, así que si algo te sienta mal por mucho que te guste no te será placentero. Y a los humanos nos sienta mal contaminar. Lo poco y lo mucho. Cualquier contaminación que esté a nuestro alcance debe ser reducida inmediatamente porque las consecuencias nos devuelven dolores, malestar, enfermedades y la muerte prematura de miles de especies incluida la humana en determinadas latitudes.
Somos lo que comemos. Comemos lo que queremos.
Pertenecemos a este mundo aquí y ahora. Lo dejaremos como queramos.
No hay excusas. La evolución muestra signos de inteligencia en muchas especies animales. La nuestra la hemos llamado SAPIENS por algún motivo...asumamos el largo plazo, es lo más sensato. Nuestra industria ha de ser puntera en energía no contaminantes y contribuir con un planeta sano para que sus habitantes estén sanos. Nuestra agricultura, ganadería y pesca debe tener en cuenta lo que sabemos de los límites de los recursos y cuidar, cultivar, la flora y fauna de la tierra, del aire y del agua.
Mi medio es mi salud.
Como ET cuando decía "mi casa, teléfono" para comunicar su lugar en el mundo, nuestra especie terrícola también tiene una casa, exactamente una única casa. Esta, la Tierra que estamos quemando. La calentamos hasta arder con incendios provocados o descuidos evitables, con quema de combustible vario veinticuatro horas ininterrumpidamente, con pesticidas que abrasan la superficie y penetran hasta los acuíferos, con superpoblación animal que nos comemos y que expulsa bastantes gases contaminantes que también calientan el ambiente...le damos tal calentón que se está transformando.
Si la temperatura sube mi salud baja.
Ahora ser egoísta como especie puede animar a tomar medidas ecologistas beneficiosas para todo el planeta. Pero hay que serlo como especie no como clase social, como lugar de nacimiento o como color de piel. No, ha de ser como especie animal. Toda la humanidad debe dejar de consumir artículos que calienten la Tierra. ¿Cuántos? los que sean necesarios durante un tiempo prudencial para bajar la temperatura y después acostumbrados ya viviremos más sanos con menos cosas contaminantes. Y más fresquitos, con más agua, con mejor aire, con una naturaleza más natural, es decir, diversa...
El corto plazo es de tontos.
Ya lo decía Epicuro y su búsqueda del placer. Evitar el dolor es el mayor de los placeres, así que si algo te sienta mal por mucho que te guste no te será placentero. Y a los humanos nos sienta mal contaminar. Lo poco y lo mucho. Cualquier contaminación que esté a nuestro alcance debe ser reducida inmediatamente porque las consecuencias nos devuelven dolores, malestar, enfermedades y la muerte prematura de miles de especies incluida la humana en determinadas latitudes.
Somos lo que comemos. Comemos lo que queremos.
Pertenecemos a este mundo aquí y ahora. Lo dejaremos como queramos.
No hay excusas. La evolución muestra signos de inteligencia en muchas especies animales. La nuestra la hemos llamado SAPIENS por algún motivo...asumamos el largo plazo, es lo más sensato. Nuestra industria ha de ser puntera en energía no contaminantes y contribuir con un planeta sano para que sus habitantes estén sanos. Nuestra agricultura, ganadería y pesca debe tener en cuenta lo que sabemos de los límites de los recursos y cuidar, cultivar, la flora y fauna de la tierra, del aire y del agua.
Mi medio es mi salud.
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