AMÉRICA EN 13 MINUTOS
No pudo ser más oportuno, más acertado, más emocionante.
Cuando el arte hace un despliegue de inteligencia, de crítica y de humanidad: Bad Bunny inunda el Halftime Show de la Super Bowl con inmenso amor por el continente americano.
El montaje a la altura de los mejores espectáculos musicales del mundo, bailarines y cantantes recorriendo estampas de la vida en las calles puertorriqueñas, decoración que recordaba los desastres naturales y su pésima gestión política, personas de todas las edades y colores ocupando el terreno de juego el estadio mientras sonaba la música latinoamericana más conocida del mundo hoy.
El corazón de EEUU latía a ritmo reguetoniano y fluía por el mundo entero, llevando un mensaje para su presidente y sus secuaces: seguimos aquí.
Supongo que no soy la única persona que no escucha reguetón voluntariamente, pero el uso de este estilo musical centro americano para reivindicarse como cultura, como pueblos, como lenguaje, se me antoja muy eficaz, en todos los sentidos.
Hay un presidente cínico, totalitario, egocéntrico que, por ser multimillonario y tener muchas armas, intimida al resto de países, si son pequeños y vulnerables más, con el fin de extraerles la sangre para hacerse una transfusión y dejarlos como materia prima para sus negocios. A lo bestia, sin disimulos, a ojos del planeta entero, en vivo y en directo. Por esto, el Show de Bad Bunny tenía que ser como fue para estar a la altura y un poco más, ya que su propuesta fue exhibir la realidad, a saber que América es un continente con muchos países, todos dignos, en los que se hablan muchas lenguas, destacando el español con sus versiones regionales y las nativas de cada zona geográfica. También se exhibió la injusticia de la dominación yanqui que maltrata la tierra americana sin piedad con el montaje de los impactos del Huracán María en Puerto Rico (2017). Aunque, tal vez, lo más espectacular fue mostrar, alto y claro, la unión de culturas al cantar y bailar junto a estrellas de la música norteamericas, mezclando sus voces, sus cuerpos y contagiando alegría a todo el mundo.
Fueron 13 minutos que se repetirán, como un bucle, miles de veces en esas redes sociales que son el negocio redondo de los tecnócratas que odian al inmigrante, a los derechos de la infancia, de las mujeres, que desprecian los Derechos Humanos y difunden bulos como redes de manipulación por doquier.
Fueron 13 minutos de plantar cara, amable, divertida, artística, reivindicativa, ante el acosador de la clase, el matón barriobajero, el empresario capitalista que aspira a dominar la Tierra.
¡¡Bravo, bravísimo Bad Bunny!!

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