lunes, 16 de agosto de 2021

BURKA

 OTRA VEZ EL BURKA



Siempre igual, pero cada vez es peor porque ya lo sabemos.

Las rejillas de la cabeza no permiten ni respirar, cómo van a ver, a oír y a oler. 

Nuestra incómoda y salvadora mascarilla es una caricatura. Nada es comparable con la restricción de los sentidos, con la amputación de la sensibilidad, con la censura de la inteligencia. Y lo saben.

El burka es para las mujeres, así las ven, las controlan y así ellas no ven, no controlan.

Cuando se obliga a la mujer a no ser persona el horror está garantizado, el miedo, la pobreza, la injusticia y todos los males experimentados y por experimentar de cualquier sociedad en cualquier momento y lugar.

Otra vez no, ya está bien. Ya se ha masacrado a las niñas lo suficiente como para que no sean niñas. Ya se ha mutilado, despreciado, abusado, violentado, maltratado y asesinado a las mujeres como para saber que no conviene a nadie esas inhumanidades que son inequidades a ojos de cualquiera.

El burka representa lo peor del ser humano. Se sabe.

Naciones Unidas y el resto de organismos internacionales con capacidad de decisión junto a los países más poderosos del mundo deben evitar el retroceso de Afganistán porque es inhumano por muchos hombres que lo causen. No hay objetivo que justifique la ignominia del burka (en todos los sentidos).

Me da vergüenza recordar que estamos en pleno siglo XXI, sin embargo, es el siglo donde las guerras se cuentan por invasiones que se saltan todos los acuerdos internacionales y humanitarios posibles, donde se engaña a la población en su propia cara y se trapichea con las vidas en el mar, en la tierra y antes de nacer, donde el negocio de las armas enriquece a reyes, empresas y a gobiernos corruptos. Se sabe.

Ya se ha vivido esto. Hay que evitarlo, sobran los argumentos ante las evidencias, los hechos.

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