viernes, 13 de agosto de 2021

IBONES ARAGONESES

 PALABRA REFRESCANTE: IBÓN





En esta inédita ola de calor, que yo recuerde, resulta refrescante saber que hay lagos de alta montaña de origen glaciar llamados Ibones, según los aragoneses. Aunque lo realmente refrescante es verlos con tanto calor alrededor. Sus aguas cristalinas y frías sirven de motivación al senderista que, a pesar de las temperaturas, sale cada mañana en busca de uno, es capaz de subir desniveles y bajarlos para contemplar la belleza de la geología y el tiempo. Sin vegetación, entre picos ariscos o suaves collados, a más de 1000 metros siempre, con peces introducidos por los pastores ancestrales para equilibrar su dieta, más o menos verdes, más o menos negros, aparecen tranquilos, reflejando el entorno que los rodea como un espejo invertido. 

Además de frescura, tan necesaria hoy, transmiten quietud con cierto toque de lo que quiera que sea la eternidad. Han estado ahí desde el Pleistoceno, así que son joyas geológicas prehistóricas como dice David, guía de Panticosa, quien a la vez que explica, para ser entendido por cualquiera, qué es un Ibón, crea conciencia sobre la gravedad de la mano humana en la naturaleza, sobre la importancia de la trashumancia, del cuidado que tenemos que tener, de la belleza del paisaje, de la transformación cultural de la montaña según las estaciones del año, nos aclara dudas y nos aconseja rutas mientras rezuma amor por su tierra pirenaica.   

En la cordillera de los Pirineos hay más de 1000. Yo he visto algunos catalanes y algunos aragoneses. También un par de Francia. Los hay de todos los tamaños y formas. El agua surge por debajo, como si fuera cosa de magia, siempre conservan su caudal, por mucho que les saquen para mantener las estaciones de esquí. Casi siempre, es fácil advertir por dónde se precipitaba la lengua glaciar y dónde se depositaban, alrededor, los materiales arrastrados y arrancados en la caída. Ver in situ lo que explican los libros de texto o las enciclopedias (wikis también) estimula todas las neuronas, incluso con estas temperaturas propias del desierto.

Alimoche es otra palabra refrescante. Esta ave vuela sin mover las alas, da vueltas más cortas que el buitre y, como es blanco con la cabeza y pico naranja, no se confunde con ninguna otra carroñera. Refresca por ser pájaro de altura. El que vi ayer me dejó helada porque nunca antes había visto tan cerca a estos bichos, también eternos o casi...




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