sábado, 3 de octubre de 2020

 LA TIERRA ES LA ETERNIDAD, NO EL CIELO.



Este planeta es lo que permanece, con vida humana o sin ella. La existencia de la tierra que pisamos es lo único cierto y duradero que tenemos. Lo esencial, lo que subsiste a todo lo demás, lo que ha sido, es y será. El tiempo no es terrestre, no sirve para los asuntos planetarios, tan solo es humano por lo que los plazos que nos ponemos no se corresponden fielmente con lo que conseguimos.

El cortoplacismo que impera en las decisiones políticas, que son fundamentalmente económicas, le sienta mal al planeta y no nos damos cuenta que lo que le sienta mal al planeta nos acaba sentando mal a sus habitantes, por muy tecnológicos que nos volvamos. ¿Tan difícil es darse cuenta?

Hace tiempo que reciclar nuestra basura no es suficiente para revertir el daño ocasionado, y sin embargo todavía producimos cantidades de residuos innecesarios que ni siquiera metemos en el contenedor adecuado. No hemos superado el primer nivel, el de reciclar, cuando ya se nos ha quedado obsoleto dada la velocidad, y cantidad, a la que contaminamos.

Cuando les enseño a mi alumnado de 2º de bachillerato que Platón, en su sociedad ideal, proponía un primer nivel educativo para todos, chicos y chicas, hasta los veinte años, basado fundamentalmente en gimnasia (vida saludable) y música (buen carácter), les resulta excesivo por el tiempo, no por las asignaturas, dicen que es mucho tiempo de escuela. Lo que demuestra que no saben lo que les espera cuando acaben de estudiar y tampoco saben la importancia de formarse en ciudadanía para vivir en una sociedad justa, buena, conveniente, incluso ecológica diríamos hoy. Nos hemos ocupado de transmitir a los jóvenes un estilo de vida totalmente superficial, ni siquiera es sobre el presente porque hubiera requerido reflexión acerca del tiempo y memoria para ser bien atendido. No, les hemos enseñando a proyectarse en un mundo que no es, ni va a ser, así que este mundo en el que viven vale poco,  no importa. Como dicen los monoteísmos: lo bueno empieza tras la muerte. Carta blanca para hacer y deshacer aquí y ahora.

Hablar de cuidados, de conservación, de durabilidad, de alargascencia es hablar de otro modelo educativo ajeno a nuestra cultura occidental. El usar y tirar está ya en nuestro adn cultural y es tan poderoso que ni se piensa en ello, forma parte de lo normal, de lo de siempre, de lo que no cuesta, de lo que viene de serie, de lo del todo el mundo...educar responsablemente lleva su tiempo.

 El decrecimiento está demonizado, como se demonizó la lucha de clases. Aquello que no favorece el enriquecimiento inmediato de los mismos se convierte en perverso y maligno a ojos de la humanidad, aunque suponga que la mayoría sufra y viva peor.

El ecologismo, la defensa de la naturaleza en cualquiera de sus formas siempre tiene grandes detractores, poderosos agentes socializadores que le dan la vuelta a la tortilla, sin hacerlo realmente, de cara a la ciudadanía consumista que tiene la posibilidad de cambiar las cosas. Dejar de consumir plásticos depende de cada uno de nosotros y nosotras.

El breve vídeo se suma a los documentales, realizados en cualquier lugar del planeta, en los que podemos observar cómo es nuestra profunda e imborrable huella ecológica. Luego nos preguntamos por qué los virus nos matan...

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