domingo, 23 de febrero de 2020

LA SONRISA DE DARWIN
Anna María Villalonga, Navona, 2018


Max, Noemí e Iván en Barcelona, con un perro, una culpa paterna y una ira incontenible.

La autora construye una novela realista con grandes pinceladas de realidad cruda reconocibles por cotidianas. Probablemente cualquiera podamos conocer de verdad a algún Max, a alguna Noemí y a algún Iván, no muy lejos de nuestro barrio o del barrio de al lado. Y sin embargo es muy original. La historia que une a las vidas de los tres personajes es tan posible que no caemos en que suceda en realidad, esto la hace más interesante y anima a seguir leyendo el siguiente paso, capítulo, en las vidas de los protagonistas.

Hay hechos que se guardan hasta el final aunque se sugieren al principio, sin explicitarlos, para que puedas fantasear con distintas posibilidades y luego saber si has acertado o no. Incluyen afectos.

De los ingredientes necesarios para que una novela pertenezca al género de novela negra, el más importante aquí es la denuncia social porque la descripción de las situaciones muestra los errores sociales que cometemos, que permitimos y a los que nos hemos acostumbrado, cómo institucionalizamos las desigualdades e injusticias, los desequilibrios y abusos, incluso la estructura de la familia y su desestructuración a la vez. El orden deja de ser orden en lo relativo a los espacios públicos, a los privados, al orden político y al moral.

Generamos monstruos todos los días que, de vez en cuando, se revelan por su cuenta y crean estragos de dimensiones incalculables, difícilmente reversibles en las que el azar aporta su papel y el destino el suyo. Así, en una bola de nieve sucede buena parte de la trama, primero es algo pequeño pero poco a poco va creciendo hasta no poder parar y finalmente estalla. Estalla la violencia racista y aporofóbica y estalla la burocracia policial. También las sanadoras relaciones entre humanos y perros, algo que sabemos y que contado como lo cuenta Ana María Villalonga estremece. 

De lectura ágil, penetras rápidamente en las cabezas de los protagonistas y sientes sus vidas en primera persona, aunque alguna te puede llegar a horrorizar, o todas, para entender perfectamente el final. Por cierto, no es un final típico de novela negra.

Un auténtico placer, pelín agridulce, como los auténticos. Gracias Sergio por la recomendación!!





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